La adopción empresarial de inteligencia artificial enfrenta un desafío que va más allá de incorporar nuevas herramientas: las organizaciones necesitan infraestructuras capaces de escalar, mantener la seguridad, controlar los costos y preservar la soberanía de sus datos. Ese fue uno de los principales planteamientos del Red Hat Summit: Connect Bogotá 2026, cuya edición concluyó en noviembre tras recorrer siete países de América Latina entre octubre y noviembre.
El encuentro regional de software open source se desarrolló bajo el lema ‘Unlock What’s Next’ y centró sus discusiones en la relación entre inteligencia artificial, soberanía digital y seguridad. El objetivo fue analizar el papel de las tecnologías abiertas en infraestructuras empresariales con mayor flexibilidad, resiliencia y capacidad de adaptación.
Las perspectivas de crecimiento de la IA refuerzan la magnitud del reto. Gartner estima que el gasto mundial en esta tecnología llegará a US$ 3,64 billones en 2027. El aumento de la inversión está llevando a las empresas a concentrarse no solo en experimentar, sino también en crear las condiciones tecnológicas y operativas necesarias para implementar sistemas de IA a escala, gobernarlos y obtener resultados para el negocio.
“En un contexto de aceleración de la IA, crecientes tensiones geopolíticas y nuevas exigencias regulatorias, las organizaciones necesitan innovar sin perder el control. En el Red Hat Summit: Connect Bogotá 2026, proponemos cómo construir una infraestructura tecnológica preparada para el futuro, en la que la flexibilidad, la soberanía digital y la adaptabilidad sean verdaderos diferenciales competitivos”, afirmó Javier Cordero, vicepresidente y general manager para Red Hat Norte de Latinoamérica.
Uno de los obstáculos identificados durante el encuentro fue la complejidad de las arquitecturas tecnológicas. La expansión de la IA agéntica, cuyos sistemas pueden ejecutar tareas y tomar decisiones dentro de parámetros establecidos, junto con el avance de la IA física en robots, drones y vehículos autónomos, exige entornos integrados, seguros y capaces de adaptarse.
La respuesta pasa por reducir redundancias, estandarizar los entornos y establecer una base tecnológica común que conecte centros de datos, nube y edge. También implica aproximar el desarrollo de aplicaciones a la operación, de modo que la incorporación de nuevas capacidades no obligue a reconstruir la infraestructura cada vez que aparece una evolución tecnológica.
Para Victoria Martínez, Gerente de plataformas de IA, Red Hat América Latina, la simplificación también condiciona el retorno de las inversiones.
“En la era de la IA, la complejidad se vuelve costosa porque los agentes necesitan operar en entornos comprensibles para tomar decisiones efectivas. Si cada sistema tiene una regla, cada dato tiene una definición y cada proceso exige una excepción manual, la IA no escala y no generará el retorno esperado por las organizaciones”, agregó Victoria Martínez, Gerente de plataformas de IA, Red Hat América Latina.
La IA agéntica comienza así a ocupar un lugar transversal dentro de las operaciones empresariales. Su adopción plantea interrogantes sobre dónde ubicar las cargas de trabajo, cómo conectarlas con los sistemas existentes, de qué manera gobernar los agentes y cómo controlar los costos asociados con la inferencia.
“Más que una nueva capa tecnológica, los agentes son catalizadores organizacionales. Escalar agentes inteligentes exige datos organizados y con un contexto claro, arquitecturas confiables y una gobernanza bien definida, pero también procesos optimizados o rediseñados y equipos preparados para trabajar con ellos. Sin estos elementos, en vez de convertirse en un activo estratégico, el agente pasa a ser un pasivo operativo”, explicó Martínez.
Las previsiones de Gartner dimensionan el posible alcance de esta transformación. Para 2028, al menos 15 % de las decisiones corporativas diarias serían tomadas autónomamente mediante sistemas de IA. La consultora también proyecta que habrá más de 10.000 millones de agentes para 2030 y que la IA agéntica representará cerca de 30 % de los ingresos del software de aplicaciones empresariales para 2035, con un volumen superior a los US$ 450.000 millones.
El avance de la inteligencia artificial no se limita al ámbito digital. La IA física incorpora capacidades de percepción e interacción con el entorno a sistemas como robots industriales, drones y vehículos autónomos. En sectores como manufactura y logística, estas tecnologías pueden utilizarse para optimizar procesos, mejorar la seguridad y obtener información operativa en tiempo real.
La evolución prevista contempla una integración más estrecha entre esos dispositivos, los agentes de IA, las plataformas de datos y las herramientas de automatización. Con ello, equipos e infraestructuras conectadas podrán interpretar información contextual y actuar ante condiciones variables, siempre dentro de límites previamente establecidos.
Gartner calcula que para 2030 el 80 % de los trabajadores de primera línea de empresas internacionales contará con asistencia de sistemas de IA física. Llevar esta tecnología a escala requerirá arquitecturas capaces de conectar aplicaciones, equipos y datos, además de mecanismos de seguridad y gobernanza adaptados a cada operación.
“El enfoque tecnológico también evoluciona, pasando de herramientas desconectadas a un entorno unificado y gobernado sobre el cual los datos, los controles, las plataformas y los sistemas pueden operar de forma integrada y segura en cualquier entorno”, afirmó Roberto Calva, Líder de soluciones del ecosistema, Red Hat para el Norte de Latinoamérica.
La expansión de estos sistemas también eleva las exigencias en materia de seguridad. Las empresas deben proteger sus activos digitales frente a amenazas más sofisticadas y, al mismo tiempo, gestionar los riesgos derivados de las cadenas de suministro de software y de los componentes de terceros y código abierto incorporados en sus aplicaciones.
Detectar vulnerabilidades no resuelve por sí solo el problema. La corrección debe realizarse oportunamente sin comprometer la disponibilidad, estabilidad ni continuidad de los sistemas críticos.
“El código abierto está en el corazón del software moderno, pero protegerlo a escala empresarial es un desafío. Identificar una vulnerabilidad es apenas el primer paso. Remediarla sin interrumpir sistemas críticos es la verdadera clave para un proyecto de seguridad exitoso”, explicó Calva.
En ese frente, uno de los anuncios del Red Hat Summit: Connect Bogotá 2026 fue Lightwell, una iniciativa conjunta de Red Hat e IBM para reforzar la protección de la cadena de suministro de software open source. La solución está orientada a facilitar la corrección y mitigación de vulnerabilidades en determinadas dependencias de código abierto empleadas en entornos de producción, con un enfoque dirigido a organizaciones que necesitan combinar agilidad, estabilidad y confianza operativa.
“Proteger estos sistemas y su entorno se ha convertido en la brecha más crítica en la preparación en materia de ciberseguridad, principalmente porque una protección efectiva hoy exige pasar de la remediación al ritmo humano a una capacidad de defensa a la velocidad de las máquinas”, destacó Calva.
El encuentro planteó así una visión en la que la seguridad debe incorporarse desde el diseño de las infraestructuras y acompañar el ciclo completo de las aplicaciones y las soluciones de inteligencia artificial, en lugar de limitarse a responder después de que aparece una amenaza.











