HOME

Compras de fin de año: crece el reto de proteger las identidades en el Black Friday

El fraude en el comercio electrónico representa un desafío creciente para las empresas de América Latina durante una temporada en la que las promociones de noviembre, Black Friday y las compras navideñas concentran un mayor volumen de operaciones digitales. En ese escenario, proteger las identidades y controlar los accesos adquiere una importancia que va más allá de prevenir una transacción no autorizada.

Las cifras muestran la magnitud del problema. Las pérdidas asociadas al fraude en el comercio electrónico latinoamericano pasaron de representar 2,7 % de las ventas en 2023 a 4,1 % en 2024, según el informe State of Fraud 2025 de Signifyd. Durante el primer semestre de 2025, además, la presión del fraude, calculada a partir del valor de los pedidos considerados riesgosos, aumentó 13 % frente al mismo período del año anterior.

Brasil ofrece otra perspectiva sobre la dimensión del riesgo. Serasa Experian registró 2,3 millones de intentos de fraude en operaciones de comercio electrónico analizadas mediante sus soluciones antifraude durante 2025. El potencial de pérdidas asociado a esos intentos fue de aproximadamente R$ 2.400 millones.

En un lapso mucho más corto, entre el 27 y el 30 de noviembre de 2025, fueron bloqueadas 22.295 operaciones clasificadas como intentos de fraude durante Black Friday. De acuerdo con Serasa Experian, esas operaciones podrían haber ocasionado pérdidas cercanas a R$ 24 millones.

Los datos de ambos mercados muestran dimensiones diferentes del mismo problema. Mientras las cifras regionales reflejan el peso de las pérdidas frente al volumen de ventas, el caso brasileño evidencia la cantidad de intentos que puede concentrarse durante una temporada de alta actividad. No todos estos incidentes implican necesariamente el robo de credenciales, pero una identidad comprometida puede abrir la puerta a cuentas, información personal y sistemas empresariales.

La preparación para los períodos de mayor tráfico, por eso, no debería concentrarse exclusivamente en la capacidad de las plataformas para soportar un aumento de operaciones. También resulta necesario determinar quién puede acceder a la información, qué permisos mantiene cada identidad y de qué manera se identifican y atienden comportamientos sospechosos.

Una credencial comprometida puede convertirse en un punto de entrada incluso cuando todavía no se ha producido un fraude. Lo mismo ocurre con las cuentas que conservan privilegios que ya no necesitan o con accesos que permanecen habilitados sin una justificación operativa.

Desde la perspectiva de Identity Security, una de las prioridades consiste en administrar el ciclo de vida de las identidades y aplicar el principio de mínimo privilegio. Esto supone mantener visibilidad sobre los accesos a aplicaciones, sistemas y datos sensibles, con el propósito de limitar la exposición y reducir las consecuencias de un eventual incidente.

Entre las medidas contempladas para ese objetivo están el fortalecimiento de la autenticación multifactor, la revisión periódica de permisos, la eliminación de accesos innecesarios, la supervisión de cuentas privilegiadas y la automatización de los procesos para asignar y retirar permisos. El conjunto busca mantener bajo control las identidades digitales y reducir las posibilidades de accesos no autorizados.

El riesgo también alcanza a los comercios electrónicos que todavía no disponen de una solución de CIAM (Customer Identity and Access Management) para administrar las identidades y los accesos de sus clientes. La ausencia de este tipo de solución incrementa la exposición de los entornos digitales frente a accesos indebidos y posibles intentos de fraude.

Incluso si quien obtiene las credenciales no realiza inmediatamente un pedido no autorizado, el acceso a una cuenta puede permitirle consultar el historial de compras y otros datos personales del consumidor. Esa información puede utilizarse posteriormente para suplantar al cliente en otros canales y aumentar las posibilidades de concretar un fraude.

La protección tampoco depende únicamente de los controles implementados por las empresas. Los consumidores pueden disminuir su exposición mediante el uso de contraseñas únicas y la activación de la autenticación multifactor cuando esté disponible. También es necesario comprobar la legitimidad de los sitios antes de efectuar pagos y desconfiar de mensajes que soliciten credenciales o información bancaria.

Las estrategias de engaño pueden adoptar distintas formas durante la temporada comercial. Una falsa oferta, una supuesta confirmación de pedido o una notificación sobre problemas con una entrega pueden conducir a páginas fraudulentas o inducir al usuario a entregar información sensible.

Aun así, trasladar toda la responsabilidad al consumidor resulta insuficiente. Las organizaciones deben contar con controles capaces de restringir permisos, detectar comportamientos inusuales y contener las consecuencias de una cuenta comprometida. La seguridad de las identidades, por tanto, debe formar parte tanto de los procesos de protección como de la operación cotidiana.

Con la llegada del período de mayor actividad comercial del año, las empresas de América Latina enfrentan el desafío de incorporar esa protección a su preparación operativa. El control de los accesos y de los datos busca reducir la exposición al fraude, pero también preservar la confianza del consumidor durante las distintas etapas de su experiencia de compra.

Facebook
Twitter
Instagram
Whatsapp
LinkedIn