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La nueva brecha digital: saber usar la inteligencia artificial

La expansión de la inteligencia artificial está cambiando la definición de brecha digital. El problema ya no se limita a quién tiene una computadora, conexión a internet o acceso a una herramienta tecnológica, sino que empieza a trasladarse a la capacidad de utilizarla de manera crítica, creativa y responsable.

Los datos del mundo laboral muestran esa diferencia. Según The State of AI in the Enterprise 2026, de Deloitte, la proporción de trabajadores con acceso a herramientas de IA autorizadas por sus empresas creció 50% en un año, al pasar de menos de 40% a cerca de 60%. Sin embargo, menos de 60% de quienes cuentan con ese acceso las incorporan diariamente a sus procesos de trabajo.

Tener la herramienta, entonces, no significa necesariamente saber integrarla. Esa diferencia plantea un reto que trasciende las empresas y alcanza también a los sistemas educativos: preparar a las personas para desenvolverse en entornos donde la inteligencia artificial tendrá una presencia cada vez mayor.

El marco de alfabetización en IA presentado en junio de 2026 por la OCDE y la Comisión Europea para la educación primaria y secundaria apunta precisamente en esa dirección. Su propuesta no reduce el aprendizaje a la utilización de un chatbot. Incluye conocimientos, habilidades y actitudes orientados a comprender cómo funcionan estos sistemas, analizar sus resultados y emplearlos de forma ética y creativa.

Una persona alfabetizada en inteligencia artificial debe poder reconocer que una respuesta convincente puede contener errores, identificar posibles sesgos y determinar qué información resulta apropiada para compartir con una herramienta. También necesita contrastar fuentes, formular preguntas de manera adecuada y distinguir cuándo la tecnología aporta valor y cuándo debe imponerse el criterio humano.

La capacidad que se busca desarrollar, por tanto, no está atada a una aplicación específica. Aprender las funciones de una plataforma puede ser menos relevante que adquirir competencias que puedan trasladarse a diferentes sistemas a medida que estos evolucionan.

La diferencia puede hacerse evidente incluso entre estudiantes que cuentan con exactamente las mismas condiciones tecnológicas. Dos personas pueden utilizar el mismo dispositivo y tener acceso a la misma herramienta de IA, pero sus resultados serán distintos si una aprende a investigar, cuestionar, contrastar y desarrollar las respuestas obtenidas, mientras la otra acepta sin más la primera solución que recibe.

Para la OCDE, este escenario adquiere importancia porque la inteligencia artificial forma parte cada vez más de la vida digital y puede influir de manera poco visible en resultados que tienen efectos reales. De ahí la necesidad de que los jóvenes comprendan tanto las posibilidades como los riesgos de estas tecnologías y estén en capacidad de tomar decisiones informadas sobre su uso.

El desafío educativo tampoco se resuelve únicamente con equipamiento. La incorporación de dispositivos debe estar acompañada por conectividad, preparación de los docentes, contenidos, pensamiento crítico y competencias digitales.

“El verdadero potencial de la tecnología en la educación aparece cuando el acceso viene acompañado de las habilidades para convertirla en una herramienta de aprendizaje. En la era de la inteligencia artificial, preparar a los estudiantes significa ayudarlos no solo a utilizar la tecnología, sino a cuestionarla, explorarla y emplearla de manera responsable para resolver problemas y crear”, señala Silvio García, Director Regional de Acer para Colombia y México.

La discusión también alcanza a las compañías que participan en el ecosistema educativo. Acer trabaja con instituciones de distintos mercados de la región en proyectos que combinan dispositivos y ecosistemas digitales para el aprendizaje. Con la llegada de la IA, el desafío incorpora una pregunta adicional: cómo conseguir que la tecnología adoptada termine generando nuevas capacidades y no se limite a ampliar el acceso al hardware.

Esa capacidad tendrá efectos posteriores en el mercado laboral. Deloitte identifica la falta de habilidades de los trabajadores como la principal barrera para incorporar inteligencia artificial en los flujos de trabajo empresariales. La respuesta de las organizaciones se concentra, por ahora, en la formación: 53% está educando a su fuerza laboral para elevar su alfabetización general en IA, mientras 48% desarrolla estrategias de capacitación y reconversión de habilidades.

Los porcentajes muestran que incluso las compañías que ya pueden acceder a estas tecnologías enfrentan otro problema. Saber formular preguntas, comprobar información, reconocer errores, proteger datos, combinar conocimientos propios con herramientas de IA y aplicarlas a problemas concretos son capacidades que pueden resultar útiles en profesiones tan distintas como ingeniería, comunicaciones, medicina o finanzas.

Existe, además, un límite en enseñar únicamente el funcionamiento de las plataformas actuales. Las herramientas que concentran la atención hoy pueden no ser las mismas que utilicen los estudiantes dentro de cinco o diez años. Una formación basada en una aplicación específica podría quedar rápidamente desactualizada; una que enseñe a comprender, evaluar y utilizar sistemas de inteligencia artificial tendría mayor capacidad de mantenerse vigente.

La primera brecha digital dejó claro que el acceso a la tecnología era una condición necesaria para participar en la sociedad digital. La expansión de la IA introduce ahora una diferencia adicional: disponer de una herramienta no garantiza que una persona pueda aprovecharla de la misma manera que otra.

Cerrar esa brecha requerirá mantener la inversión en computadores y conectividad, pero también preparar docentes, fortalecer el pensamiento crítico, desarrollar alfabetización en datos y promover responsabilidad digital. La educación tendrá que adaptarse a una tecnología que continuará cambiando.

En ese escenario, la diferencia no estará únicamente entre quienes tienen acceso a la inteligencia artificial y quienes no. También estará entre quienes se limitan a utilizarla y quienes desarrollan la capacidad de pensar con ella, cuestionarla y decidir cuándo es mejor prescindir de ella.

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