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Soberanía digital: cómo evitar depender de un solo proveedor tecnológico

La expansión de la inteligencia artificial está llevando a las empresas a replantear una pregunta que va más allá de dónde almacenan sus datos: ¿quién controla la tecnología de la que depende su negocio? La respuesta puede determinar el margen de maniobra de una organización cuando cambian las condiciones comerciales, regulatorias o geopolíticas.

Para Raju Vegesna, Evangelista Jefe de Zoho, la dependencia tecnológica puede llegar a cuestionar incluso la relación entre una empresa y sus proveedores. “¿Si la empresa necesitara reemplazar esa plataforma mañana, podría hacerlo? La respuesta típica es no, así que, ¿son ustedes realmente un cliente, o son un rehén de sus proveedores de tecnología?”. Con la expansión de la IA, esa dependencia puede involucrar no solo software, sino también modelos, datos y procesos críticos.

El concepto de soberanía digital parte precisamente de conservar capacidad de decisión sobre esos elementos. Se refiere a que una compañía pueda mantener un control efectivo de sus datos, de los modelos de inteligencia artificial que los procesan y de la infraestructura tecnológica necesaria para su funcionamiento, sin quedar atada a una única alternativa.

No se trata de una cuestión reservada a los gobiernos ni de un objetivo que implique eliminar a los proveedores externos. Para la mayoría de las organizaciones, desarrollar internamente toda la tecnología necesaria no sería realista. El desafío consiste en determinar cuáles capacidades son estratégicas, preservar el conocimiento propio y contar con opciones que permitan cambiar de rumbo cuando sea necesario.

Una dependencia tecnológica puede permanecer oculta mientras una herramienta funciona con normalidad. El riesgo aparece cuando una empresa debe enfrentar modificaciones en los precios, restricciones de acceso, decisiones tomadas por terceros o dificultades para trasladar sus operaciones a otra plataforma. En esos escenarios, una solución que inicialmente aportaba eficiencia puede convertirse en una limitación para la operación.

Por eso, conocer la ubicación de los datos es solo una parte del análisis. Las organizaciones también necesitan identificar quién tiene el control de los modelos de IA que utilizan y de la infraestructura sobre la que funcionan.

En el caso de Zoho, la compañía opera infraestructura propia y desarrolla modelos de inteligencia artificial. Según el comunicado, esto permite que los clientes mantengan el control sobre los componentes fundamentales de su tecnología y conozcan dónde se encuentran sus datos. Ellos son los únicos que tienen acceso a su propia información.

Para las empresas latinoamericanas, este enfoque adquiere relevancia en un mercado marcado por la competencia global. Mantener alternativas tecnológicas puede contribuir a la resiliencia de las organizaciones, fortalecer su capacidad de negociación y ampliar su margen para innovar.

La evaluación de las herramientas tecnológicas, por tanto, no debería concentrarse únicamente en su precio o en la facilidad con la que pueden implementarse. También debe considerar qué dependencias generan y cuáles podrían ser sus consecuencias para la empresa en el largo plazo.

“Las empresas que comprendan sus dependencias y puedan cambiar de rumbo cuando las condiciones lo exijan estarán mejor preparadas para competir en un mercado donde la autonomía tecnológica comienza a ser tan importante como la eficiencia”, concluye Vegesna.

En un escenario empresarial cada vez más marcado por la inteligencia artificial, la inversión tecnológica no es el único factor que define la posición de una compañía. También resulta determinante cuánto control mantiene sobre los datos, la infraestructura y los modelos que sostienen su operación.

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