Los ciberdelincuentes están llevando la inteligencia artificial más allá de la generación asistida de código y comenzando a utilizar agentes autónomos para ejecutar operaciones completas de ataque, según el más reciente Reporte Semestral de Amenazas de TrendAI™. El documento, titulado 2026 H1 APT Report: How APTs Are Weaponizing Trust in the Age of AI, señala que la confianza depositada en los sistemas corporativos se ha convertido en un recurso utilizado para acelerar las intrusiones.
Entre las capacidades identificadas aparecen sistemas de IA que pueden explorar redes internas, localizar vulnerabilidades y obtener credenciales de acceso sin intervención humana directa. La automatización permite reducir los márgenes de error y hacer más eficiente la distribución de software malicioso, acortando también el tiempo entre el inicio de una intrusión y sus posibles consecuencias.
“Estamos observando un salto cualitativo hacia la autonomía operativa del cibercrimen, donde los modelos de lenguaje no actúan como simples asistentes sino como agentes capaces de tomar decisiones estratégicas de infiltración en tiempo real. Ante este nivel de sofisticación, la gestión proactiva del ciberriesgo deja de ser una opción preventiva y se convierte en una necesidad operativa para neutralizar vectores de ataque antes de que comprometan el ecosistema empresarial“, afirma Samuel Toro, Head of Sales para la región norte de Latinoamérica en TrendAI™.
El reporte también identifica una segunda tendencia: el uso de servicios y herramientas habituales para ocultar la infraestructura empleada en los ataques. La finalidad es pasar inadvertidos frente a mecanismos de seguridad diseñados para detectar comportamientos asociados con canales maliciosos.
Una de las técnicas consiste en utilizar la API de Microsoft Graph para leer y escribir comandos maliciosos únicamente en los asuntos de borradores de correo electrónico que nunca llegan a enviarse en Microsoft 365. Al no producirse el envío de mensajes, esta modalidad busca evitar su transmisión y sortear los filtros de seguridad.
La infraestructura de mando también puede apoyarse en redes públicas de blockchain. TrendAI™ documentó el uso de memorandos de transacciones en la red Stellar para resolver y actualizar las direcciones de los servidores de mando, una práctica que permite eludir los bloqueos de dominio tradicionales.
Otro mecanismo detectado recurre a entornos de ejecución legítimos y firmados, como Deno, para descargar y ejecutar código malicioso. De esta manera, el tráfico generado por los atacantes puede confundirse con el funcionamiento de herramientas que forman parte de los entornos autorizados de una organización.
La cadena de suministro de software constituye otro punto de explotación. Entre las prácticas señaladas figuran la inyección de programas maliciosos en paquetes de código populares y el empleo de falsificaciones de video, conocidas como deepfakes, para superar entrevistas laborales realizadas en vivo.
Las amenazas identificadas no se limitan a redes, dispositivos o información digital. El reporte registra también el rastreo de la ubicación de miles de personas mediante plataformas de publicidad móvil y casos de sabotaje directo contra sensores de tanques de combustible instalados en estaciones de servicio.
Estos episodios muestran, según los hallazgos del informe, cómo las operaciones de ciberdelincuencia pueden extender sus efectos hacia infraestructura física y sistemas industriales, haciendo más difícil separar la seguridad informática de los riesgos que afectan al entorno físico.
“Ante un panorama de incursiones que ocurren en cuestión de segundos, la respuesta reactiva tradicional es insuficiente y genera una falsa sensación de seguridad. Si las organizaciones no adoptan estrategias capaces de enfrentar amenazas generadas por herramientas de inteligencia artificial, continuarán expuestas a riesgos considerables en su propio entorno operativo”, concluyó Toro.











