Aunque las soluciones impulsadas por IA prometen eficiencia y transformación, su creciente demanda energética y huella de carbono abren un debate urgente sobre sostenibilidad, consumo responsable y evolución del ecosistema digital. Empresas como Hitachi Vantara ya trabajan en soluciones para mitigar este impacto.

Imagen: Daniel Scarafia, vicepresidente para América Latina en Hitachi Vantara.
El crecimiento vertiginoso de la inteligencia artificial (IA), en particular de sus aplicaciones generativas, ha transformado la manera en que trabajamos, creamos contenido y automatizamos procesos. Sin embargo, este avance también ha traído consigo una pregunta que comienza a cobrar fuerza en el debate global: ¿cuál es el costo ambiental de esta revolución tecnológica?
Según estimaciones del Foro Económico Mundial, una consulta en una plataforma de IA generativa puede consumir hasta 50 veces más energía que una búsqueda web tradicional. A su vez, datos del Electric Power Research Institute indican que el consumo energético de estos sistemas es aproximadamente 10 veces mayor que el de motores de búsqueda como Google.
El impacto de este consumo se amplifica si se considera la velocidad con la que crece el número de usuarios. De acuerdo con Statista, más de 500 millones de personas utilizarán herramientas de IA generativa hacia 2028. Frente a esta tendencia, surge una preocupación legítima: ¿cómo equilibrar la innovación tecnológica con la urgencia ambiental?
Centros de datos e infraestructura: entre la eficiencia y la sostenibilidad
La IA se ha convertido en el nuevo motor de la economía digital, y su desarrollo depende en gran medida de los centros de datos. Aunque actualmente la energía utilizada por aplicaciones de IA representa sólo entre el 2 % y el 3 % de las emisiones globales, se espera que esta cifra aumente significativamente en los próximos años, a medida que empresas, gobiernos e instituciones expandan su uso.
El informe “El Estado de la Sostenibilidad de la Infraestructura de Datos”, publicado por Hitachi Vantara, destaca que el sector tecnológico debe avanzar hacia soluciones más ecológicas. Entre las estrategias identificadas se encuentran:
- Descarbonización de centros de datos.
- Transición hacia fuentes de energía renovables.
- Construcción de instalaciones energéticamente eficientes.
- Uso de tecnologías de almacenamiento con menor huella de carbono.
Según el mismo reporte, estos cambios no sólo son necesarios para cumplir con futuras regulaciones ambientales, sino que pueden generar ahorros operativos, mejorar la reputación corporativa y crear ventajas competitivas sostenibles.
IA como aliada para reducir el impacto… si se gestiona con responsabilidad

Paradójicamente, la inteligencia artificial también puede convertirse en parte de la solución. Al ser utilizada correctamente, la IA permite optimizar procesos, reducir desperdicios, anticipar riesgos y diseñar modelos operativos más eficientes. Desde el análisis energético en tiempo real hasta la predicción de fallos en sistemas industriales, la IA puede ayudar a minimizar impactos ambientales y mejorar la productividad sin aumentar el consumo.
En este sentido, la adopción de modelos como la nube híbrida o los centros de datos distribuidos —más eficientes en términos de consumo— ha sido vista como una alternativa viable para avanzar hacia un cómputo más sostenible.
América Latina en el mapa de la sostenibilidad tecnológica
En América Latina, ya existen iniciativas que promueven la sostenibilidad en el uso de tecnologías emergentes. Aunque sólo un 33 % de las empresas de la región prioriza la sostenibilidad en sus proyectos de IA, la implementación de normativas como la Ley de Inteligencia Artificial de la Unión Europea ha generado efectos indirectos en los países que exportan servicios digitales o manejan infraestructura crítica.
Empresas como Hitachi Vantara han comenzado a invertir activamente en el desarrollo de soluciones con reducciones de emisiones de CO₂ de hasta el 96 % en infraestructura de datos, y mejoras de eficiencia del 66 % en uso de espacio físico.
Además, recientemente Hitachi anunció la creación de su cuarto fondo de capital de riesgo corporativo, con una inversión de 400 millones de dólares para identificar y financiar startups centradas en tecnologías limpias, economía circular, IA industrial y sistemas de energía distribuida.
Una transformación digital alineada con el futuro del planeta
A medida que la inteligencia artificial se vuelve parte integral de las operaciones cotidianas en todos los sectores, se vuelve imprescindible alinear su desarrollo con principios de sostenibilidad ambiental y ética digital.
Esto implica pensar en IA no sólo como una herramienta de eficiencia o productividad, sino también como un catalizador para la innovación ambiental, capaz de detectar cuellos de botella en tiempo real, rediseñar cadenas de suministro o reducir las emisiones de forma inteligente.
“Debemos avanzar hacia una era donde el crecimiento digital no comprometa el planeta que habitamos”, concluyó Daniel Scarafia, vicepresidente para América Latina en Hitachi Vantara.
El reto está en lograr que el progreso tecnológico sea sostenible, escalable y responsable. Porque la IA puede ser el futuro… pero sólo si también es parte de la solución al presente.










