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La IA marca una nueva brecha competitiva entre las empresas, según gerente de Alianzas Estratégicas de Controles Empresariales

Vanessa Delgado, Gerente de Alianzas Estratégicas de Controles Empresariales

Según Vanessa Delgado, gerente de alianzas estratégicas de controles empresariales, la inteligencia artificial está abriendo una nueva brecha entre las empresas: no entre aquellas que la utilizan y las que todavía no lo hacen, sino entre las que permanecen en la fase de experimentación y las que consiguen incorporarla como una capacidad estratégica del negocio.

Cerca de siete de cada diez organizaciones ya implementan iniciativas de inteligencia artificial o desarrollan pruebas de concepto. La adopción, por tanto, dejó de ser una discusión centrada en si vale la pena incorporar esta tecnología. El desafío actual está en conseguir que las inversiones realizadas produzcan un impacto empresarial concreto.

Hay compañías que han multiplicado los pilotos y casos de uso independientes sin llevarlos a una transformación más amplia. Otras, en cambio, están empleando la IA para rediseñar procesos, acelerar decisiones, mejorar la experiencia de sus clientes y abrir nuevas posibilidades de crecimiento. De esa diferencia surge una nueva forma de medir la ventaja competitiva.

Las organizaciones que avanzan hacia este segundo modelo son identificadas como Frontier Firms. En ellas, la inteligencia artificial deja de funcionar únicamente como una herramienta para automatizar tareas y pasa a formar parte de la estrategia corporativa. Su aplicación alcanza procesos completos, escala capacidades dentro de la organización y se evalúa a partir de los resultados que genera para el negocio.

El cambio no depende exclusivamente de incorporar tecnología. Talento, procesos, datos, cultura organizacional y gobierno corporativo forman parte de la ecuación que permite convertir las capacidades de IA en resultados. Cuando estos elementos trabajan de manera integrada, las empresas pueden responder con mayor rapidez a las variaciones del mercado, impulsar la innovación, fortalecer la experiencia de cliente y desarrollar ventajas competitivas sostenibles y difíciles de replicar.

La distinción también permite entender por qué una mejora puntual de productividad no equivale necesariamente a una transformación empresarial. Una organización puede utilizar IA para resolver tareas específicas; una Frontier Firm, en cambio, emplea esas capacidades para modificar la manera en que opera, innova y responde a las necesidades del mercado.

Uno de los obstáculos aparece cuando la tecnología se incorpora antes de definir qué problema empresarial debe resolver. También ocurre cuando se despliegan agentes inteligentes sin preparar a los colaboradores o cuando diferentes iniciativas se desarrollan de manera aislada, sin conexión con los procesos estratégicos de la compañía.

A esto se suman otros factores que pueden limitar los resultados: la gobernanza de datos, la ciberseguridad, la gestión del cambio, la adopción por parte de los usuarios y la medición del valor generado. Cuando estos aspectos son relegados, los proyectos pueden permanecer durante años en una dinámica de experimentación, incluso después de haber producido pilotos exitosos.

Para los CEO, el cambio de perspectiva implica dejar de concentrar la conversación en la cantidad de agentes implementados, la herramienta adquirida primero o la tecnología incorporada más recientemente. El interrogante central pasa a ser qué capacidad estratégica del negocio se está fortaleciendo mediante la inteligencia artificial.

Responderlo con claridad puede llevar a construir modelos operativos más ágiles, mejorar la calidad de las decisiones, elevar la productividad y generar nuevas oportunidades de crecimiento. Si la respuesta no existe, el riesgo es acumular tecnología sin alcanzar una transformación efectiva.

El tránsito hacia una Frontier Firm tampoco está determinado por el tamaño de una organización ni por el sector económico al que pertenece. El factor decisivo es su capacidad para convertir la inteligencia artificial en resultados tangibles y sostenibles.

En ese proceso, los aliados tecnológicos adquieren un papel relevante al integrar personas, procesos, datos y tecnología alrededor de objetivos concretos de negocio. El propósito es que la IA deje de ser entendida como un proyecto exclusivamente tecnológico y pase a consolidarse como una capacidad empresarial.

Controles Empresariales señala que ha acompañado este proceso como orquestador de la transformación digital. A través del COEM Experience Center, un centro de experiencia único en Colombia, más de 500 organizaciones han explorado casos de uso reales junto con especialistas en inteligencia artificial, nube y ciberseguridad. El objetivo de estas experiencias es identificar cómo convertir la IA en valor para el negocio y avanzar hacia un modelo de empresa Frontier.

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