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Trump y Xi abordan el control de la IA durante cumbre en Washington

La inteligencia artificial se convirtió en uno de los principales puntos de discusión durante el encuentro entre el presidente estadounidense Donald Trump y el mandatario chino Xi Jinping en la Casa Blanca, en un contexto marcado por la competencia tecnológica entre las dos potencias.

Xi planteó que Washington y Pekín tienen la responsabilidad de garantizar que el desarrollo de estos sistemas permanezca bajo control humano. El mandatario chino también defendió la continuidad de los diálogos entre ambos países para reducir los riesgos derivados del mal uso y abuso de tecnologías avanzadas.

La posición estadounidense se desarrolla en una dirección diferente en materia de regulación. Trump anunció el 19 de septiembre la creación de una “Fuerza de IA”, inspirada en la Fuerza Espacial, y anticipó el nombramiento de un nuevo “Zar de la IA”.

La iniciativa surgió después de la salida de David Sacks del cargo de zar de IA y criptomonedas de la Casa Blanca. Sacks pasó a desempeñarse como asesor externo, mientras Trump anunció que designaría a una nueva persona para la función.

El mandatario estadounidense también ha rechazado la adopción de medidas que, según su posición, puedan frenar el desarrollo de la industria. Su administración ha planteado que el crecimiento tecnológico no debe ser obstaculizado y que los sistemas jurídicos existentes pueden utilizarse para responder ante comportamientos indebidos.

La competencia tecnológica también apareció vinculada a las tensiones comerciales. El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, acusó a desarrolladores chinos de utilizar técnicas de destilación para aprovechar capacidades desarrolladas mediante modelos estadounidenses, mientras Washington mantiene restricciones destinadas a limitar el acceso chino a determinadas tecnologías avanzadas.

La dimensión financiera añade otra capa a la relación. Bancos estadounidenses han continuado participando en operaciones vinculadas al sector tecnológico chino pese a las restricciones impulsadas por Washington. Reuters reportó que entidades de Wall Street mantienen una participación relevante en las salidas a bolsa de compañías tecnológicas chinas, mientras Estados Unidos y China intentan avanzar en ecosistemas tecnológicos separados.

En paralelo a la discusión pública de los presidentes, funcionarios de ambos países han explorado un mecanismo para comunicar incidentes relacionados con sistemas avanzados que puedan representar riesgos para la seguridad nacional. Bessent planteó la iniciativa durante conversaciones con el viceprimer ministro chino He Lifeng y la describió como un posible mecanismo de notificación bilateral.

La propuesta busca establecer mayor transparencia entre las dos principales potencias tecnológicas y crear un canal para abordar incidentes considerados relevantes para la seguridad nacional. La existencia de este diálogo no implica, sin embargo, que Estados Unidos y China hayan establecido un marco global de regulación.

La cumbre también tuvo componentes ajenos a la tecnología. Los dos gobiernos acordaron extender por dos meses la tregua comercial existente, mientras continúan las conversaciones para alcanzar un acuerdo de mayor alcance. Scott Bessent señaló que todavía no estaba claro si sería posible cerrar un acuerdo para el 10 de enero.

Xi planteó además ampliar los intercambios entre los dos países. El mandatario chino invitó a 100.000 jóvenes estadounidenses a visitar China para realizar intercambios y estudios durante los próximos cinco años.

La visita incluyó también un anuncio relacionado con la denominada diplomacia de los pandas. Xi informó que los pandas Ping Ping y Fu Shuang llegarán en los próximos días al Zoo Atlanta, donde serán recibidos como parte de los intercambios entre ambos países.

Los resultados de la reunión generaron lecturas distintas en Estados Unidos. Senadores demócratas cuestionaron que la cumbre hubiera priorizado la ceremonia sobre asuntos como inteligencia artificial, comercio, minerales críticos y Taiwán, mientras que otros análisis destacaron la apertura de canales de comunicación entre Washington y Pekín.

La discusión tecnológica queda así vinculada a dos posiciones que continúan diferenciándose: China plantea la necesidad de mantener el desarrollo de estos sistemas bajo control humano y fortalecer mecanismos de diálogo, mientras la administración Trump insiste en acelerar el desarrollo estadounidense y rechaza medidas que, según su planteamiento, puedan limitar la expansión de la industria.

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